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miércoles, 17 de abril de 2013

Nadie sabe nada más



Ha sido un placer regresar a la obra de uno de mis más admirados cantautores, Billy Bragg. No se me ocurre una forma mejor de hacerlo que con este excelente último disco, Tooth & Nail, que viene a mostrar la evolución de un compositor comprometido con la sociedad pero a la vez con una forma de escribir rigurosamente cuidada, que nunca ha desdeñado otros temas además de la crítica social, como el amor y otras razones de corte existencial. Una evolución que nos muestra la versión más madura y sosegada de Bragg, donde siguen apareciendo menciones de índole política y donde brilla de nuevo sus inteligentes letras, pero que se centra principalmente en su faceta más metafísica e intimista.

No obstante, aunque esta nueva imagen de Bragg desenfoca un poco al músico que hasta ahora habíamos conocido, le sienta muy bien este cambio como compositor de canciones, puesto que muchos de los temas que incluye este álbum suenan redondas, pues no se ha conformado con escribir letras brillantes, ha hecho lo mismo con la música y el resultado obtenido es meritorio de encumbrarse entre sus mejores obras.

En mi opinión, y que me perdonen los que no estén de acuerdo conmigo, su carrera ha ido en orden inverso a la de otro de mis héroes musicales y compañero socialista de Billy en los ochenta, Paul Weller, al que veo en la actualidad dando un traspiés tras otro y un poco desorientado, ¡con lo que ha sido este hombre! Decía que Billy, estos últimos años, se ha mostrado coherente con lo que ha sido su trayectoria musical y a día de hoy se muestra seguro de cada uno de los pasos que da, practicando lo que siempre se le ha dado bien. Tooth & Nail es la prueba más evidente de todo esto que digo, no hay quien tosa a temas tan redondos como el que adjunto, “No one knows nothing anymore”, o a otros como “January song” o “Handyman blues”, con esa slide y ese sonido tan blues. Otros temas suenan igualmente brillantes, como la gigante “Over you”, “Chasing rainbows” o “Your name on my tongue”, tres de mis preferidas. ¡Qué gran disco!

¡Y algún día hablaré su colaboración con Wilco, que tantas alegrías me ha dado!


 

lunes, 25 de marzo de 2013

The London Clay



Se suponía que esta entrada se la iba a dedicar a mi admirado Jason Molina, fallecido como ya sabréis hace una semana, pero aunque su legado es enorme y sin duda merece el post con urgencia, sé que su muerte acabaría produciéndome cierta tristeza y estando a viernes, a unos días de las vacaciones de Semana Santa, la verdad es que prefiero evitarlo.

Por eso, aprovecharé para dejar algunas impresiones de un compositor al que vengo siguiendo desde hace algún tiempo y del que hasta hace poco no sabía gran cosa. Se trata de Peter Bruntnell, nacido en Nueva Zelanda, pero de familia originaria de Gales. Todo un trotamundos desde bien joven, con paradas además en Canadá y en Inglaterra, donde acabó residiendo de forma prácticamente permanente. En este último país formó la banda Milkwood, que no duró demasiado tiempo, desembocando en el inicio de su carrera en solitario. En 1995 firmó contrato con Almo Sounds para publicar su primer disco, Cannibal, muy cercano al power pop. A este le siguieron Camelot in Smithereens (1997), Normal for Bridgwater (1999). Este último disco, ya en el sello Slow River, donde le acompañaron músicos de la banda Son Volt, con quienes compartió el escenario más de una vez, le propició muy buenas críticas y le permitió estrechar lazos con el público americano.

Tras alcanzar cierto reconocimiento (aunque nunca el suficiente), llegaron Ghost in spitfire (2005), Peter and the murder of crows (2008), con un impacto bastante más discreto, pero no por eso peores. Sin embargo, personalmente, creo que su mejor obra, junto al ya citado Normal for Bridwater, no llegaría hasta el 2011, con Black Mountain UFO, un disco que le vuelve a situar entre los más destacados compositores de la escena pop-rock actual. Este disco es una de las mejores colecciones de canciones de ese año, con temas que oscilan entre el rock, el folk y el pop de guitarras que tan bien le sienta a su personal y suave tono de voz. Excelente el arranque con “St. Cristopher”, “Bruise on the sky” o la bellísima “Drive away”, sin duda, una de mis favoritas.

Los más afortunados ya han podido oír su nuevo disco, Ringo woz ere, donde se incluye esta estupenda canción que os dejo como adelanto. ¡¡Buenísima!!



lunes, 25 de febrero de 2013

Estaré alrededor


¡Ya tocaba dedicarle un post a uno de mis grupos de cabecera de todos los tiempos! Y que mejor que hacerlo para celebrar mi regreso a la actividad en el blog y, sobre todo, su reciente y brillantísimo último disco, Fade.

Hablo, por supuesto, de Yo la Tengo y de su excelente último trabajo producido por otro de los grandes, ni más ni menos que John Mcentire, excelso productor y miembro de varias bandas, centrando su trabajo especialmente en dos importantes, The Sea and Cake y Tortoise. Y no es por desmerecer la tarea de su anterior productor, Roger Moutenot, culpable de algunos de sus mejores trabajos Summer sun, Popular songs o And then nothing turned Itself turned-out, pero es que en Fade la música de los de Hoboken gana en matices y en colorido, aún más de lo que habitualmente suele caracterizar su sonido.

Pero todo no es mérito de la producción, porque si hay algo que salta a la vista tras escuchar Fade es que la dupla Ira Kaplan-Georgia Hubley está en estado de gracia, tanto a nivel creativo como de compenetración vocal. Este trabajo, el número 13 de su carrera, reúne lo mejor de todo lo que ha caracterizado a este peculiar grupo desde sus inicios, creatividad, versatilidad, vanguardia, ruido…, con la peculiaridad de la participación de un nuevo productor que ha tratado de hacer una nueva interpretación de su música (que le sienta muy muy bien, la verdad) y con la percepción por parte del oyente de que los de Hoboken cada vez se sienten más cómodos con el papel de exploradores de nuevos sonidos que ya tienen más que asumido.

Se vea desde donde se vea, Fade es un disco enorme, donde hay lugar tanto para canciones luminosas como “Is that enough”, “Well you better” o “Paddle forward” como para temas más pausados, emparentados con el folk, como la inmensa “I’ll be around”, que además viene acompañada con un video espectacular que os dejo a continuación.


jueves, 21 de febrero de 2013

Te encontré




Esta banda sureña me ha enganchado. Confieso que si no he escuchado este disco mil veces, poco me faltará para hacerlo. Su música no engaña, es una síntesis de todo lo que sugiere el nombre del grupo, Alabama Shakes, sur, calor, rock, soul, raíces…, y sobre todo, la voz de su líder, Brittany Howard, es lo primero que a uno le cala, por el sentimiento, la fuerza y la desgarradora honestidad con la que canta.

La banda de Athens, Alabama, ha sabido reunir para su debut un buen puñado de singles que, gracias a su buen hacer y al músculo que han ido adquiriendo en sus conciertos, no tiene nada que envidiar a cualquier disco de las mejores bandas de rock o americana.

Boys and girls suena a local de ensayo, a conciertos en pequeños locales, a sudor, a guitarras bien templadas, a sección rítmica compenetrada, a voz fibrosa y determinante, a músicos que saben que se lo están jugando todo en el estudio y, por eso, van a bordarlo para dejarnos a todos boquiabiertos. ¡Y vaya si lo consiguen!

Disfrutad de esta maravilla y cuando lo hagáis, pensad que su disco esconde otras diez joyas como ésta y que una vez que empieces a oírlo no podrás parar.

Y con esta escucha seguro que hago mil, ¡vamos a por las dos mil!

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Calexico sin fronteras




Cuando la semana pasada llegó a mis manos el último disco de Calexico, Algiers, la predisposición a escucharlo era muy buena, dados los numerosos elogios que había recibido por parte de la crítica. Su anterior disco, había puesto el listón bastante alto, lleno como estaba de grandes canciones como “Victor Jara’s hands”, “Two silver trees”, “Slowness” o la inmensa “House of Valparaiso”, y aunque las expectativas eran muy altas, las primeras reseñas no dudaban en situar Algiers un peldaño por encima de su predecesor. Mi primera reacción fue pensar en que los críticos estaban exagerando, poco más tarde me picó el gusanillo y ahí se apoderó de mí la impaciencia por hacerme cuanto antes con este último trabajo de los de Tucson para comprobar por mí mismo esta progresión.

Hicieron falta pocos segundos, no sé si llegué al minuto de escucha de “Epic” para reconocer que estaba ante algo grande, muy grande, ¿pero más grande que Carried to dust? “Epic” es una canción que reúne al 100% todos los ingredientes de los mejores Calexico, no obstante, es la canción que sigue la que marca la cima del disco, “Splitter”, uno de esos himnos capaces de encrespar el vello a cualquiera.  “Fortune teller” es uno de esos medios tiempos que tan bien encajan con el registro vocal de Joey Burns, melódico y cálido. El tema homónimo, “Algiers”, de corte instrumental, acentúa el carácter fronterizo de la música de Calexico. “Maybe on Monday” no descuida ni mucho menos la sobresaliente regularidad compositiva que mantiene el disco. “Puerto” es otra de las cumbres de Algiers, con la ayuda a las voces de Jairo Zavala, conocido por Depedro, miembro ya consolidado de la banda que acompaña a Joey Burns y John Convertino. ¡Y qué bien suena esa melodía de guitarra de “Better and better”! Para dejar paso a “No te vayas”, otro tema prácticamente instrumental, con una bonita trompeta que se inclina por un sonido casi jazzístico. “Hush” y “The vanishing mind”, no solo no dejan que decaiga el clímax sino que hacen aún más redondo este disco.

¿Mejor que Carried to dust? Posiblemente, pero ¡qué más da! Lo importante es que Algiers es otro gran disco, disfrutable en su totalidad y lo mejor de todo es que nos brindará la oportunidad de ver a la banda en directo.

viernes, 26 de octubre de 2012

Susurros en la oscuridad




Iba el otro día tan tranquilo en mi coche, de camino al trabajo a las siete y media de la mañana, por una carretera secundaria oscura, siguiendo la estela de luces que dejaban los coches que me precedían y disfrutando del primer atisbo de luz de la mañana en un horizonte plagado de nubes, cuando, de repente, en uno de los pocos programas de radio que sigo fielmente, Hoy empieza todo, anunciaron lo que llaman el “melocotonazo” de la semana. Era la nueva canción de un grupo que ya me pareció muy interesante  con su disco anterior, Mumford and Sons. La canción empezó a sonar y sin haberla escuchado antes, logró que, mientras conducía, una sensación de cosquilleo me recorriera el cuerpo para poco después acabar a un paso de un estallido de emoción que pocos temas me llevan a alcanzar. Se trataba del segundo corte de su último disco, Babel, que lleva por nombre “Whispers in the dark”.

Su anterior álbum, Sigh no more, es uno de esos casos de éxito masivo que uno no alcanza a entender, no por falta de calidad o de canciones, ni mucho menos, sino más bien porque se mueve dentro de un lenguaje musical que generalmente no suele gozar de las cuotas de fama que esta banda ha llegado a cosechar con un solo disco. Con todas estas circunstancias, la banda se enfrentaba al que suele ser el principal obstáculo de las bandas noveles, el asentamiento de una trayectoria con el segundo trabajo, y de este modo nos topamos cara a cara con este Babel, la respuesta a esta situación.

Quiero pensar que pocos quedarán decepcionados con esta continuación, pues se multiplican todos los aspectos positivos que contenía su primer álbum y se desvanecen los pocos negativos que, a nivel personal, creo que tenía Sigh no more. Así, se consolida una identidad propia que bebe de géneros como rock, el folk e incluso el bluegrass, con una impronta claramente norteamericana (que sorprende bastante por ser originarios de Londres), que dota a canciones como la que nos ocupa o como “I will wait” de un brío inédito hasta ahora, que impulsará a estas composiciones a convertirse en himnos en los directos, dignos de corear en grandes recintos. Mientras que por otro lado, se rompe con cierta linealidad que caracterizaba a su primer álbum, gracias a una asentada madurez en la forma de componer, que solo tiene aquel que ya sabe cuál es su mejor baza y conoce lo que quiere ofrecer a su público.

Todos estos aspectos son evidentes en este disco redondo, escrito con gran pasión y sensibilidad, que encumbrará aún más a este grupo británico de alma norteamericana.

jueves, 9 de agosto de 2012

Nueva reconquista de Graná



El primer disco de Grupo de Expertos Solynieve era bueno, pero este segundo lo es aún más. Recorre las mismas sendas que el anterior, pero lo hace más en sintonía con los tiempos que estamos viviendo. Ya no se conforma con reivindicar una forma de vida sin prisas ni agobios, con tiempo para uno mismo, sino que ahora reserva distintos cortes para criticar a aquellos que se empeñan en chuparnos la sangre una y otra vez. Esto se percibe de inmediato en temas como “¿Porqué no te largas de aquí?” y de forma menos marcada en el resto de canciones.

Dentro de El eje de la tierra se esconde uno de los discos más redondos e inspirados de estos últimos años publicado en territorio nacional, donde se funden de forma muy exitosa elementos de distintos géneros como el rock de raíces americanas y el rock de raíces ibéricas, ambos inclinados al sur de las dos localizaciones geográficas. ¡Toma ya!, el sur de los EEUU y el sur de España compartiendo las mismas canciones, la canción pop coral de Cánovas, Rodrigo, Adolfo & Guzmán, o la de Vainica Doble, más presentes en Alegato meridional, todo perfectamente agitado y bien servido por ese “experto” en fusiones en que se está convirtiendo J, que no contento con el éxito cosechado con el flamenco de Los Planetas y el Morente rock de Los Evangelistas, sigue arriesgando y logrando éxitos en su proyecto con Manuel Ferrón, en el que según dice el granaino se siente más a gusto.

También ha habido cambios en la formación, que se ha completado con miembros de Lori Meyers, pero en mi opinión este factor no ha sido demasiado relevante en el excelente resultado final de este disco, que no es sino obra de los inspiradísimos Juan Rodríguez y Manuel Ferrón.

Dejo el video de este himno granadino que es "La nueva reconquista de Graná", de una belleza y una emoción que le dejan a uno conmocionado.



martes, 17 de julio de 2012

¿No es suficiente?


Es realmente complicado escoger una canción entre toda la estupenda colección de discos que han publicado los escoceses Teenage Fanclub durante toda su trayectoria. Hablar de esta banda es hablar de un clásico del pop que con sus canciones han abarcado casi tres décadas musicales, divulgando melodías pluscuamperfectas, potentes riffs del guitarra y juegos vocales marca de la casa.

Tras una primera época marcada por un pop más contundente, propio de los 90, donde se les agrupó junto a otras bandas y solistas como The Posies, Sebadoh, Matthew Sweet, Redd Kross o Velvet Crush, fueron inclinándose por restar algo de electricidad a su sonido y vincularlo de algún modo al folk, sin perder ni un ápice de su identidad.  Para quien escribe estas líneas, unas de las canciones más representativas de este cambio es la que he seleccionado para titular este post, la luminosa “Ain’t that enough”, de su disco Songs of Northern Britain de 1997. Aunque la canción se canta de forma coral, cuenta con todos los elementos comunes que se identifican en las composiciones de Gerard Love, bajista y vocalista de la banda, por el que sin duda siento especial predilección (en breve haré una pequeña referencia a su reciente proyecto Lightships en el blog, porque es de lo mejor que he oído este año). 

Los envolventes coros, la cálida melodía, el ritmo pausado, la personalísima firma pop de Love, justifican más que de sobra que haya elegido esta canción para titular un post a 17 de julio de 2012. Pues “Ain’t that enough” puede ser la canción salvavidas donde resguardarnos de toda la mierda que bancos y políticos están lanzando sobre nuestras vidas. Escúchala una vez más y escapa por unos instantes.


jueves, 14 de junio de 2012

Revolución




Dr. John vuelve a la carga y quién mejor para ayudarle a actualizar su sonido que el hombre de moda en el rock, Dan Auerbach. No contento con el hecho de que la mayoría de sus discos se hayan reeditado recientemente, el veterano músico de Nueva Orleans ha querido imprimir algo más de pulso rítmico a su última obra y ha elegido a la mitad guitarrera de los Black Keys para vitalizar la producción de su aclamado último trabajo, Locked down, sin que necesariamente se rompa la coherencia estilística y conceptual de toda su trayectoria.

En Locked down se esconden numerosas sorpresas, la primera, y más importante, es la heterogeneidad de un disco en el que se concentra la mejor versión de Dr. John practicando todos los géneros que tan bien se le han dado durante su carrera. Ahí queda ese soul de ínfulas rockeras del tema homónimo “Locked down”, o el tremendo “Revolution”, con un sonido vintage y moderno que establece un sólido nexo entre la influencia de la música de este maestro con la de los que podrían ser sus alumnos más aventajados, The Black Keys. También hay tiempo para la vertiente más blues en cortes como “Big shot” o “Kingdom of Izzness”, así como espacio para explorar senderos más funk y rockeros, como ocurre en “Getaway”, “You lie” o “Eleggua” o para transitar por aguas más serenas en “My children, my angels”, pero todo sin dar un solo paso en falso, con la firmeza del chamán que sabe qué ingredientes son necesarios para cocinar un disco tan enorme como este Locked down.

De enorme disfrute, se lo recomiendo sobre todo a aquellos que esperaban algo más de raíces soul en el último disco de The Black Keys.

martes, 27 de marzo de 2012

Huyendo


No sé por qué he tardado tanto en dedicarle una entrada a una de las bandas por las que más admiración siento. The Jayhawks siempre han estado ahí, desde que los descubrí gracias a mi apreciado amigo Paco, una enciclopedia humana de música, cuando me prestó el enorme Tomorrow the green grass allá por el año 1999. Y puedo aseguraros que disfruté este disco como un enano, aquellas dos voces que se complementaban tan bien, ese sonido rock perfectamente actualizado y a la vez respetuoso con la mejor música tradicional americana, y esas canciones… ¡qué canciones!

A continuación, llegaron otros discos como Sound of lies, el irregular Smile o el gigantesco Rainy day music, que aunque ya no contaban con Mark Olson, sin duda eran enormemente disfrutables. El tiempo dedicado a sus nuevos trabajos lo acabé compaginando con la tarea de rescatar los que habían sacado anteriormente a mi descubrimiento, deleitándome especialmente con el genial Hollywood Town Hall, otro de sus discos imprescindibles.

Así, Tomorrow the green grass junto a Hollywood Town Hall y Rainy day music son, en mi opinion, los discos fundamentales para conocer el importante papel que ha desempeñado esta banda dentro del rock americano actual. Aunque canciones como la que nos ocupa o “Blue”, “Miss William Guitar”, “Two hearts”, “Bad time” o “Ann Jane”, entre otras, hacen que sea este álbum el verdadero eje de toda su discografía en torno al que gravitan el resto de discos.

Y perdonadme si no menciono su último disco, Mockingbird time, que aunque no merece estar entre los tres mejores, creo que se ha infravalorado mucho, ya que mantiene una línea más que digna de regularidad durante todo el álbum, incluyendo canciones de auténtico relumbrón como “Hide your colours” o “She walks in so many ways”.

¡Muy grandes!


jueves, 22 de marzo de 2012

Un hombre sensible


¡Qué queréis que os diga! ¡Mister Lowe envejece como el buen whiskey! Sus canciones más recientes nacen de un riguroso proceso de trabajo propio de un artesano de la música, que se dedica en cuerpo y alma a pulir sus composiciones hasta alcanzar la perfección.

No voy a negar que siempre he sentido simpatía por el de Woodchurch, pero mi admiración ha ido en aumento desde que su trayectoria musical se ha ido dejando llevar por su amor hacía la tradición musical americana. Pues desde que allá por el 2001, cuando fichó por el sello independiente Yep Roc, y firmó la carta de intenciones que suponía publicar un disco como The Convincer, Nick no ha tenido reparos en liquidar esta deuda que sentía que tenía pendiente con sus principales influencias musicales.

Si At my age marcaba una cima en su discografía, que coronaba al británico como uno de los más brillantes crooners del rock adulto actual, su reciente The old magic supera sin duda a su predecesor, ya que contiene temas aún más redondos y muestra al autor británico satisfecho de haber materializado sus propósitos en este último disco.

“Stoplight roses”, “Sensitive man”, “I read a lot”, “Restless feeling” o la fragante versión de “The poisoned rose” de su colega Elvis Costello, entre otras, son las muestras más evidentes del estado de gracia en que se encuentra un Nick Lowe, que parece disfrutar a sus 63 años de la música como nunca lo ha hecho.


viernes, 27 de enero de 2012

Un domingo por la mañana



Quizá haya sido el sueño, quizá haya tenido algo que ver mi reciente paternidad, quizá la luz ámbar que envolvía Madrid a las siete y media de la mañana… no sé porqué me ha sucedido, ¡razones no faltan! Pero esta mañana, en dirección al trabajo, a bordo del silencioso autobús, no he podido evitar emocionarme mientras escuchaba esta canción.

Y no es para menos, pues creo que Wilco nos ha regalado, al final de su último disco, un verdadero diamante en bruto que cuenta con todos los ingredientes para convertirse no solo en un clásico de la banda, sino en la predilecta para todos aquellos que se decantan por la versión más pausada e intimista de las composiciones de Jeff Tweedy, que se vislumbra en temas como “Jesus, etc.”, “At least that’s what you said” o en su último disco, en las excelentes “Sunloathe”  y “Black moon”, que sin embargo no alcanzan la emotividad de la presente.

Uno puede dejarse llevar por belleza de esta canción, donde las guitarras acústicas, los teclados y la susurrante voz de Tweedy, te transportan durante doce minutos mágicos (que pasan casi sin enterarte) a un lugar donde no existe el estrés, ni los empujones en el metro, ni las malas caras del trabajo, ni la crisis, ni los políticos corruptos absueltos o no por la ley, ni los lunes…  ¿Qué sería de mí sin la música?


martes, 17 de enero de 2012

Copenhague


La compositora de Luisiana se ha labrado una trayectoria de tal magnitud que sin duda merece ocupar el trono entre las principales voces femeninas del rock americano. Lucinda se ha convertido en una referencia dentro de este panorama, para cantantes de gran envergadura como Jollie Holland, Eileen Jewell e, incluso, la enorme Dayna Kurtz.

 2011 ha sido un gran año para todos los que adoramos la sedosa voz de la Williams, porque no solo nos ha entregado un gran disco, Blessed, sino que además éste viene acompañado en un edición de lujo con otro buen puñado de canciones extras que hacen las delicias de todos los que, como yo, disfrutamos plenamente de sus canciones.

Para este post podía haber seleccionado cualquier canción de su excelsa discografía, destacando las que se incluyen en discazos como Car wheels on a gravel road, EssenceWorld without tears, que son mis álbumes favoritos, sin embargo, he preferido escoger un tema de su último trabajo para demostrar que la gran dama del rock sigue en plena forma. “Copenhaguen” es uno de los singles de Blessed, quizá la canción más comercial del disco, aunque esto no rebaja ni un ápice de la arrebatadora belleza de este melancólico y emotivo corte, donde la voz de Lucinda conduce a lo sublime.

Dejo a continuación el video del tema, que no desmerece para nada la canción.



lunes, 21 de noviembre de 2011

Yo y el amor y tú


No hay cómo disfrutar de un día festivo en casa, te levantas, abres las persianas, ves el día que hace (da igual sol o lluvia), te preparas un café, un par de tostadas, enciendes el equipo de música, pulsas el play y ahí están, los hermanos Avett regalándote una bonita melodía nada más despertar.

Mientras suena la canción, sujetas la taza de café humeante y dejas que la sensación confortable del calor te mantenga aislado de todo lo que hay alrededor, no oyes los ruidos del vecino de arriba, ni de la lavadora de al lado, solo disfrutas de tu bebida y de esa bella canción que habla de un viaje a través del amor.

Sabes que ella está despierta, pero prefiere seguir un rato más en la cama, sin embargo, has dejado la puerta del dormitorio abierta y le ha llegado el aroma a café, también escucha el crujir de las tostadas cuando las muerdes y, por supuesto, la música con la que has decidido empezar el día. Te pide que enciendas la calefacción, deja tiempo para que se caldee la casa y ahora sí, se levanta, se acerca cautelosamente, te besa y pide que pongas de nuevo esa canción tan bonita que lleva sonando desde que se ha despertado.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Veo una oscuridad



El pasado 21 de octubre tuve el placer de ver, por fin, a Bonnie “Prince” Billy en directo. Tenía muchas expectativas creadas en torno a este concierto, todas se vieron superadas desde el primer momento del concierto, principalmente por el fantástico conjunto músicos que le acompañaron (entre los que se encontraba su inseparable Emmett Kelly y la vocalista Ange Olsen, entre otros), por la versatilidad vocal con la que nos deleitó, el clímax que alcanzó el concierto de total comunión con el público y, por supuesto, por el excelso cancionero seleccionado para tan celebrada ocasión. Pero si hubo un momento de esos en los que la epidermis se eriza es cuando sonaron los primeros acordes de uno de los clásicos de su trayectoria, “I see a darkness”, con el que llevó al público de inmediato a una especie de éxtasis colectivo, donde todos los congregados coreaban la canción (es reconfortante comprobar cuanta gente es capaz de disfrutar de la música de Will Oldham).

Hoy estamos a 11 de noviembre han pasado más de 20 días desde el concierto y desde ese día no he dejado de visitar la amplia discografía del genio de Louisville, prestando especial atención a sus primeros trabajos y al último, otra gran muestra de su talento y versatilidad, esta vez comprendida entre el folk y el country, con el nombre de Wolfroy Goes to Town.

Regresando a sus canciones iniciales, una de las más celebradas es “I see a darkness” del álbum con mismo nombre, que es el corte más representativo de ese folk oscuro y desgarrador que Will Oldham ha sabido convertir en su tarjeta de presentación. No he podido resistirme a oír este tema una y otra vez, por las mañanas, cuando me dirijo al trabajo en el autobús, para tratar de cobijarme de algún modo en ese halo oscuro que levantamos cuando la  rutina nos impide hacer todo aquello a lo que nos gustaría dedicarnos durante el día para sentirnos mejor, estar más tiempo con la familia, leer, dibujar, escribir, ensayar, escuchar música…, menos mal que siempre nos queda la oscuridad.

¡Y pensar que estuve a punto de perdérmelo en su visita a Madrid! Os dejo un video con la música y las letras de esta emotiva canción.


viernes, 21 de octubre de 2011

Copa de veneno


Post-War, para quien firma esta entrada, es sin duda la obra cumbre de Matthew Stephen Ward. El de Portland, no contento con sacar auténticos discazos en solitario como los brillantes Transfiguration of Vincent, Transistor Radio o, el más reciente, Hold time, se empeña además en enrolarse en otros proyectos, como los que tiene en el supergrupo Monster of Folk (con Connor Oberst o Jim James) o con She & Him (con Zooey Deschanel), con tal de no parar ni un momento de hacer música de muchos kilates.

La canción que nos ocupa, “Poison cup”, comienza de la forma más sencilla y directa, con guitarra y voz, y concluye con un crescendo orquestal a la altura del más grandioso Scott Walker. Toda una gema del mejor pop-rock que abre el disco y nos previene de los temazos que seguirán a continuación, “To go home”, “Right in the head”, “Chinese Translation” o “Eyes on the prize”, entre otras.

Habrá quien diga que le gusta el desenfado y la ligereza de sus composiciones con She & Him o quien prefiera el virtuosismo de su guitarra en su participación a lo “Travelling Wilburys” en  Monsters of Folk, pero un servidor no tiene ninguna duda de que es en sus discos en solitario donde este enorme compositor más brilla, cuando hace lo que le place sin miramientos hacia nadie.

Dejo esta versión de “Poison cup”, desnuda por completo, sin más instrumentos que su guitarra, a quien se atreva a dudar de lo que digo. ¡Una maravilla!

Y buen fin de semana.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

Mejor hombre


No soy de los que reniegan de lo que escucharon en el pasado, creo que no hay nada de lo que renegar. De hecho, hay muchas cosas que oía antes (estoy hablando de hace 20 años, sí, ya tengo mi edad, sí) en mi radiocasete o en mi tocadiscos y ahora siguen sonando en mi iPod con casi la misma frecuencia.

Dicho esto, ya puedo decir que uno de los grupos que permanecen en mis listas de reproducción, son los inquebrantables Pearl Jam, que actualmente está en boca de todo el mundo porque su primer disco cumple 20 años, el mítico Ten, y porque, además, recientemente se ha estrenado un documental, dirigido por el melómano Cameron Crowe, para conmemorar este aniversario. Toda una alegría para seguidores como yo, que siempre les consideró la banda más sólida y de más talento de cuantas aparecieron en el denominado  movimiento grunge (aunque la verdad es que a mí esto de los movimientos me parece una tontería), siempre por delante de otros como Nirvana, que aunque también los disfrutaba, no lo hacía del mismo modo.

Haciendo un repaso de su consolidada trayectoria, cabe distinguir dos periodos, un impactante primer ciclo, donde arrastraron a un gran sector de fans de Nirvana y de rockeros, en general, hacia su música, con canciones más contundentes y orientadas a atraer a ese nuevo público que se estaba formado; y otro periodo ya de consolidación, donde se alejaban más de ese sonido más duro para explorar vías más experimentales dentro del marco del rock, una de las primeras tareas, reivindicar la figura de Neil Young como gran pater de todo lo que se consideraba alternativo, tanto en Seattle como en todos los EEUU. En la transición entre un periodo y otro, se encuentra el que para un servidor es uno de sus mejores discos, Vitalogy, que incluye muchas de mis canciones favoritas de la banda. Que conste que otros discos como Ten, Versus, Pearl Jam, Binaural o Backpacer me parecen todos muy meritorios para estar entre los mejores.

De entre todos los temas, me quedo casi por capricho con este “Better man”, espectacularmente trasladado al directo. ¡Sencillamente brutal!

Y no digo mucho más de Pearl Jam o de Eddie Vedder, al que ya dedicaré una entrada para él solo. Y perdonad que resuma tanto la carrera de esta gran banda, pero es que no me gusta enrollarme mucho


miércoles, 17 de agosto de 2011

Cuando las estrellas son azules


Esta entrada queda reservada para quien, a pesar de su irregular y caótica discografía, en mi opinión es uno de los mejores cantantes y compositores de rock de los últimos tiempos, Ryan Adams. Capaz de lo peor, como sacar muchos discos y mediocres, formar bandas variopintas, publicar discos punk, salir totalmente borracho a los conciertos…, y de lo mejor, ya que en su trayectoria musical cuenta con discos sublimes, como Heartbreaker, Gold y Love is hell, o con una amplísima colección de magníficas canciones que se reparten por su alargada discografía, como “Two”, “Nuclear”, “Go easy”, “Fix it”… y un buen montón más.

Por si fuera poco, estos últimos años Adams se ha asociado con una banda de auténtico lujo, The Cardinals, entre los que se encuentra otro de los cantautores de rock por los que siento verdadera devoción (y al que seguro que dedicaré una futura entrada pronto), Neal Casal, que toca la guitarra y hace esas geniales segundas voces que tanto valor aportan a las canciones del de Jacksonville.

Ahora bien, hoy dedico este espacio a una canción de uno de sus más celebrados álbumes, Gold, donde se congregan algunos de sus mejores temas, “New York, New York”, “Firecracker”, “La Cienaga just smiled”, “Answering bell”, “The rescue blues”… Se trata de la delicada balada “When the stars go blue”, capaz de contagiar melancolía y ternura al más rudo de los oyentes. Con la voz a punto de quebrarse, henchida de sensibilidad, Adams camina con paso firme por la que podría ser una de sus composiciones más emocionantes y poéticas, una de esas que nos confirman esa dicotomía tan pronunciada en la personalidad de este genio, que nos ofrece la imagen de un artista que oscila entre la arrogancia, la inestabilidad, la brillantez y la pasión.

“When the stars go blue” es una de esas canciones que tienen la capacidad de hacer mágicos algunos momentos.

Y por favor, ni me recordéis la horrible versión del tema que hicieron The Corrs y Bono, por mi parte ni existe.



lunes, 20 de junio de 2011

Pueblo tranquilo


El disco al que pertenece esta canción no es el mejor de su carrera, ese lugar creo que podrían ocuparlo 1972 o Nashville, no obstante, Subtitulo no tiene desperdicio alguno. Se trata del trabajo más cálido y luminoso del compositor de Nebraska, aquel donde plasma el recién adquirido espíritu mediterráneo, gracias a su buena aclimatación a esta zona, debido en gran parte a su relación con la valenciana Paz Suay, con quien se fue a vivir al Levante casi de inmediato.

De este modo, el séptimo trabajo de Rouse, para el que de nuevo contó con la producción de Brad Jones, se gestó totalmente en su nuevo país de residencia, España, concretamente un poco más al sur de Valencia, en el Puerto de Santa María, Cádiz, haciendo uso del estudio del omnipresente Paco Loco. Toda la magia y la paz de este entorno se concentra en las diez canciones de Subtitulo, a través de letras intimistas, alegres, ensoñadoras, que hacen que este disco sea perfecto para estas fechas, para adentrarse en el verano. De ahí que haya escogido esta canción y no otra para incluir en este post, cuando estoy a un paso de tomarme un respiro para descansar y relajarme en tierras levantinas.

“Quiet town” nos cuenta como es su nueva vida, tranquila e idílica, en el “pueblo silencioso” (probablemente Altea, donde conoció a su pareja), vistiendo su música de una sencillez y una melancolía que es propia del lugar. A mí esta canción siempre me recuerda a mi tierra, Alicante, que es donde regreso en estas vacaciones.


lunes, 13 de junio de 2011

La madurez de Cass


Baltimore no solo es famosa por ser la ciudad en la que acontece la superserie The Wire, de allí también proviene uno de los cantautores independientes más destacados en los últimos tiempos, el señor Cass McCombs.

Tres discos nos ha regalado este peculiar compositor, cada uno enmarcado en un contexto vital del artista concreto, el último, que contiene la fantástica canción que he escogido, es sin duda el disco de madurez, no solo por la solidez compositiva que muestra el autor, sino también por la calma y la desnudez con la que se presentan cada uno de los temas. Wit’s end es un disco en el que Cass se desprende de complejos y conjeturas, y da rienda suelta a los sentimientos, ¿el resultado? Quizá uno de sus discos más irregulares, pero el que incluye alguna de sus canciones más emotivas y honestas de su discografía.

Entre todas estas, “County line” es, fuera de dudas, la mejor, una auténtica maravilla, digna de convertirse en un clásico desde ya. Por cierto, un servidor ha tenido la oportunidad de verlo en su reciente gira por España, presentando su último disco, y os puedo asegurar que suena realmente bien, con una banda compacta que consigue aún ensalzar más sus temas más recientes y, por supuesto, los de siempre.