viernes, 27 de enero de 2012

Un domingo por la mañana



Quizá haya sido el sueño, quizá haya tenido algo que ver mi reciente paternidad, quizá la luz ámbar que envolvía Madrid a las siete y media de la mañana… no sé porqué me ha sucedido, ¡razones no faltan! Pero esta mañana, en dirección al trabajo, a bordo del silencioso autobús, no he podido evitar emocionarme mientras escuchaba esta canción.

Y no es para menos, pues creo que Wilco nos ha regalado, al final de su último disco, un verdadero diamante en bruto que cuenta con todos los ingredientes para convertirse no solo en un clásico de la banda, sino en la predilecta para todos aquellos que se decantan por la versión más pausada e intimista de las composiciones de Jeff Tweedy, que se vislumbra en temas como “Jesus, etc.”, “At least that’s what you said” o en su último disco, en las excelentes “Sunloathe”  y “Black moon”, que sin embargo no alcanzan la emotividad de la presente.

Uno puede dejarse llevar por belleza de esta canción, donde las guitarras acústicas, los teclados y la susurrante voz de Tweedy, te transportan durante doce minutos mágicos (que pasan casi sin enterarte) a un lugar donde no existe el estrés, ni los empujones en el metro, ni las malas caras del trabajo, ni la crisis, ni los políticos corruptos absueltos o no por la ley, ni los lunes…  ¿Qué sería de mí sin la música?


martes, 17 de enero de 2012

Copenhague


La compositora de Luisiana se ha labrado una trayectoria de tal magnitud que sin duda merece ocupar el trono entre las principales voces femeninas del rock americano. Lucinda se ha convertido en una referencia dentro de este panorama, para cantantes de gran envergadura como Jollie Holland, Eileen Jewell e, incluso, la enorme Dayna Kurtz.

 2011 ha sido un gran año para todos los que adoramos la sedosa voz de la Williams, porque no solo nos ha entregado un gran disco, Blessed, sino que además éste viene acompañado en un edición de lujo con otro buen puñado de canciones extras que hacen las delicias de todos los que, como yo, disfrutamos plenamente de sus canciones.

Para este post podía haber seleccionado cualquier canción de su excelsa discografía, destacando las que se incluyen en discazos como Car wheels on a gravel road, EssenceWorld without tears, que son mis álbumes favoritos, sin embargo, he preferido escoger un tema de su último trabajo para demostrar que la gran dama del rock sigue en plena forma. “Copenhaguen” es uno de los singles de Blessed, quizá la canción más comercial del disco, aunque esto no rebaja ni un ápice de la arrebatadora belleza de este melancólico y emotivo corte, donde la voz de Lucinda conduce a lo sublime.

Dejo a continuación el video del tema, que no desmerece para nada la canción.



martes, 27 de diciembre de 2011

Tú eres mi sol



Escojo esta canción para retomar mi actividad en el blog porque es muy significativa en el momento que estoy viviendo ahora. Por un lado, pertenece a uno de mis cantautores de cabecera, el maestro Mark Kozelek, esta vez bajo el pseudónimo de Sun Kil Moon, músico al que sigo desde hace muchos muchos años, un fijo en mis listas de reproducción, bien con Red House Painters, con los citados, con su nombre de pila o en colaboraciones tan suculentas como las de Desertshore. Por otro lado, el disco al que pertenece esta canción es el que más le pongo a mi recién nacida hija, hace tan solo una semana, para que se tranquilice y duerma a pierna suelta, y parece que funciona a las mil maravillas, y así, además, padre e hija disfrutan de un momento maravilloso en el que la niña duerme arrullada con buena música y yo la miro con la mejor banda sonora que uno le podría poner a este momento.


Admiral fell promises es un disco atemporal, un álbum de sonido clásico, que sin embargo supone una nueva vuelta de tuerca para su autor, que otra vez con la sencillez y la belleza como estandarte, encuentra en la guitarra clásica la herramienta perfecta para hacer universales sus melodías y sus hermosas letras, verdaderos poemas. “You are my sun”, quizá no sea la mejor canción del disco, aunque sí una de las más tiernas y dulces, irradia amor en cada uno de sus acordes y versos, por eso de inmediato la asocie a mi preciosa hija.


Me disculpo por anticipado si me pongo en próximos post especialmente moñas, pero ahora estoy viviendo este momento y me es imposible mostrarme  de otra forma, espero que lo entendáis. Gracias por seguir visitando este blog de música y vivencias personales asociadas, de esto va Sintonía de la mediatarde. Felices fiestas a todos.




lunes, 21 de noviembre de 2011

Yo y el amor y tú


No hay cómo disfrutar de un día festivo en casa, te levantas, abres las persianas, ves el día que hace (da igual sol o lluvia), te preparas un café, un par de tostadas, enciendes el equipo de música, pulsas el play y ahí están, los hermanos Avett regalándote una bonita melodía nada más despertar.

Mientras suena la canción, sujetas la taza de café humeante y dejas que la sensación confortable del calor te mantenga aislado de todo lo que hay alrededor, no oyes los ruidos del vecino de arriba, ni de la lavadora de al lado, solo disfrutas de tu bebida y de esa bella canción que habla de un viaje a través del amor.

Sabes que ella está despierta, pero prefiere seguir un rato más en la cama, sin embargo, has dejado la puerta del dormitorio abierta y le ha llegado el aroma a café, también escucha el crujir de las tostadas cuando las muerdes y, por supuesto, la música con la que has decidido empezar el día. Te pide que enciendas la calefacción, deja tiempo para que se caldee la casa y ahora sí, se levanta, se acerca cautelosamente, te besa y pide que pongas de nuevo esa canción tan bonita que lleva sonando desde que se ha despertado.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Veo una oscuridad



El pasado 21 de octubre tuve el placer de ver, por fin, a Bonnie “Prince” Billy en directo. Tenía muchas expectativas creadas en torno a este concierto, todas se vieron superadas desde el primer momento del concierto, principalmente por el fantástico conjunto músicos que le acompañaron (entre los que se encontraba su inseparable Emmett Kelly y la vocalista Ange Olsen, entre otros), por la versatilidad vocal con la que nos deleitó, el clímax que alcanzó el concierto de total comunión con el público y, por supuesto, por el excelso cancionero seleccionado para tan celebrada ocasión. Pero si hubo un momento de esos en los que la epidermis se eriza es cuando sonaron los primeros acordes de uno de los clásicos de su trayectoria, “I see a darkness”, con el que llevó al público de inmediato a una especie de éxtasis colectivo, donde todos los congregados coreaban la canción (es reconfortante comprobar cuanta gente es capaz de disfrutar de la música de Will Oldham).

Hoy estamos a 11 de noviembre han pasado más de 20 días desde el concierto y desde ese día no he dejado de visitar la amplia discografía del genio de Louisville, prestando especial atención a sus primeros trabajos y al último, otra gran muestra de su talento y versatilidad, esta vez comprendida entre el folk y el country, con el nombre de Wolfroy Goes to Town.

Regresando a sus canciones iniciales, una de las más celebradas es “I see a darkness” del álbum con mismo nombre, que es el corte más representativo de ese folk oscuro y desgarrador que Will Oldham ha sabido convertir en su tarjeta de presentación. No he podido resistirme a oír este tema una y otra vez, por las mañanas, cuando me dirijo al trabajo en el autobús, para tratar de cobijarme de algún modo en ese halo oscuro que levantamos cuando la  rutina nos impide hacer todo aquello a lo que nos gustaría dedicarnos durante el día para sentirnos mejor, estar más tiempo con la familia, leer, dibujar, escribir, ensayar, escuchar música…, menos mal que siempre nos queda la oscuridad.

¡Y pensar que estuve a punto de perdérmelo en su visita a Madrid! Os dejo un video con la música y las letras de esta emotiva canción.